Joaquín Capilla Pérez se hizo amigo íntimo de la ciudad de Córdoba, a la cual visito en más de una ocasión, habiendo llevado una notable amistad tanto con el inolvidable Orlando Lara Sánchez el inconmensurable Boris, como con Arturo Coste Alvaradejo, el primero notable comerciante restaurantero y de manjares suculentos, teniendo como lo mejor de su menú su propia amabilidad y perfil de estupendo amigo, y el segundo nacido en los rumbos de Omealca y luego avencidado en la ahora llamada zona metropolitana, todo un as en el mundo del Waterpolo, y además siendo compadre oficial del histórico rey de los clavados y máximo medallista mexicano en Juegos Olímpicos.

Estando aún la espada enterrada de Capilla a real presión en la roca misma del deporte mexicano, habiendo conquistado cuatro medallas en sus participaciones desde el trampolín, y sobre todo plataforma en olimpiadas, dibujando y plasmando sus clavados geniales en el aire, para caer sobre la alberca, casi como una pluma soplada por el propio Dios desde Londres 48 (bronce en plataforma), Helsinki 62 (plata en plataforma) y Melbourne 56 (oro en plataforma y bronce en trampolín).

Hombre que fue probó y proclive a hacer amigos por doquier, Joaquín entre sus viajes a la ciudad cafetera inauguró en alguna ocasión la entonces celebre alberca del Club de Leones allá por los rumbos del barrio de San José, en donde inclusive dio cursos de natación, aparte de recibir entre otros homenajes, uno llevado al cabo por la prensa deportiva cordobesa que tuvo lugar en aquel Chez Orlando, un lugar en donde se comía de delicia y se extendía la mano de manera cordial y sincera.

Capilla fue el padrino de bautizo de uno de los hijos de Arturo Coste, de Arturo Coste Setién, hermano de Jorge, el primer deportista cordobés (Waterpolo) en asistir a unos Juegos Olímpicos, los celebrados como ya ha colocado en otros reportajes en Montreal 76, de eso hace ya 40 años.

Joaquín Capilla ido de este mundo como un real santo, que inclusive se levanto de la lona luego de caer en el vicio del alcoholismo y de las drogas tras sus celebres conquistas, a los 82 años de edad, siendo la fecha del mejor de sus clavados, el que apunto hacia el cielo y jamás sacó una gota de agua de la piscina celestial, la del 8 de mayo del 2010, siempre declaró que una de sus ciudades favoritas era la de Córdoba, Veracruz.


Tomás Setién Fernández

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