Al Oriente se observa el majestuoso cerro Colorado, un lugar lleno de historia y de una cantidad de vegetación difícil de encontrar en otro sitio.

Desde la época prehispánica la formación natural permitió a los ancestros ocupar la zona con diversos fines de sobrevivencia, posteriormente vinieron los Insurgentes quienes crearon una fortaleza en este lugar, de esto aún se conservan vestigios que cuentan lo ocurrido en aquel tiempo de guerra. Pero también sirvió en la lucha de los revolucionarios.

El sitio se vuelve enigmático por la multitud de pequeñas y medianas cuevas, siendo la primeras viviendas de los pobladores, ya que existen indicios que dan prueba de esto. La cercanía de un recurso muy importante como el agua del Río Tehuacán que pasaba por sus faldas también es señal de esto, así se plasmó en obras dedicadas a este ícono natural.

Pero, eso es referente a la historia, ya que también cuenta con una vegetación sin igual, la cual incluso es investigada por estudiantes de universidades locales y nacionales. Izotes, “patas de elefante” son parte de la flora que existe, la cual es basta, ha señalado en diferentes entrevistas Fernando Ximello Olguín, historiador. Sin duda un lugar digno de visitar y recorrer con la familia, este es el paroma que se puede observar principalmente los domingos cuando los deportistas hacen el recorrido hasta llegar a la cruz, significando el símbolo de la meta.

También se puede andar en bicicleta y motocicleta, el vehículo es lo de menos cuando se tiene el paisaje que brinda el cerro Colorado.


María Rojas Tobón

El Mundo de Tehuacán