II Teresa Rodríguez

EL MUNDO DE TEHUACÁN


Ayer cientos de alumnos se despidieron de la escuela que los vio crecer y que les dio las bases para incorporarse a una etapa más de su vida educativa.

Las lágrimas brotaron de aquellos ojos con miradas nostálgicas, que pudieron notarse en la cara del niño que se graduó del preescolar, hasta en el adolescente que egresó de la secundaria.

Palabras de despedida se escucharon, maestros y alumnos recordaron historias que durante años compartieron en el salón de clases y en los pasillos de su escuela, que grande o pequeña, acondicionada o en malas condiciones, significa ahora ya, parte de su vida.

Regalos, flores, globos y reconocimientos a los alumnos más destacados fueron parte esencial en cada una de las clausuras oficiales de fin de curso 2016; sin duda alguna con las mejores o las más bajas calificaciones obtenidas en el último año, esos momentos de alegría y tristeza sirvieron para olvidarse de las malas notas, de los regaños de sus maestros, de las discusiones entre compañeros, para así únicamente convivir y disfrutar de la ceremonia significativa en comunión con sus padres.

En las escuelas de toda la ciudad y su región, los estudiantes egresados fueron los anfitriones de los eventos cívicos, pero también, los alumnos que aún se quedan a concluir sus estudios básicos, se lucieron de colores, figuras y formas con participaciones especiales para despedir a los “más grandes de su casa educativa”. Tal vez no vuelvan a verse o a lo mejor coincidan después de mucho tiempo, o inicien juntos un nuevo sueño, tal vez aún no tengan definido cuál es el camino que quieren seguir, pero de lo que si están seguros es de lo que aprendieron en tantas horas de estudio para poder incorporarse a cualquiera que sea su destino.