Crónica


El ruido del agua despertó a María Angelina Sánchez, y al bajar de su cama, el olor a excremento fue inconfundible, su casa había presentado una inundación a causa de la ruptura del biodigestor de Patsa, el cual se ubicaba a escasos 150 metros de distancia.

Su esposo se despertó exaltado entre heces y olor fétido, luego de ser alertados por su vecino, quien gritaba desesperado mientras trataba de salvar algunas de sus pertenencias.

Los juguetes de sus tres nietos eran arrastrados por la corriente mientras entre sueño y miedo solicitaban auxilio, sabían que era un riesgo latente, pues había días en que los olores provenientes del biodigestor eran insoportables, pero ahora sus temores se habían hecho realidad.

Aldo Gutiérrez Sánchez indicó que el olor era insoportable, por lo que tras varias horas de estar expuesto a la contaminación, comenzó a presentar náuseas, mareos y dolor de garganta.

Los habitantes de zona que tienen más 30 años, comentaron que es la segunda vez que la empresa causa estragos, por lo que desde que se anunció la construcción desconfiaron del proyecto.

Indicaron que desde semanas pasadas se percataron de situaciones extrañas, pues la membrana se levantaba de manera diferente.

Ahora Angelina, con más de 70 años de edad, no sabe qué hacer, pues sus pertenencias se perdieron y solo le queda esperar la ayuda prometida por las autoridades tras el daño.


II Sagrario Cortés

El Mundo de Tehuacán