Cada vez es más difícil dar el siguiente paso, avanzar 100 metros de pendiente parece imposible. Hay dificultad para respirar y debería hacer frío, pero se siente calor, el corazón late más rápido pasando los 5 mil 600 metros sobre el nivel del mar. Estamos cerca de la cima del Citlaltépetl, uno de los tres lugares más altos de México y del cual Fernando Gutiérrez ha hecho su segundo hogar, siendo el alpinista con más ascensos en la región.

“Buenas tardes chavos, ¿éstos son tus amigos Nacho?, para mi que no van aguantar”, fue la línea de entrada de don Fernando cuando nos fue presentado. Pantalón de mezclilla, camisa a cuadros de manga larga, sombrero y lentes, hay que reconocer que en primera instancia la impresión fue recíproca, él refleja la experiencia en un caminar pasivo y casi taciturno, como no queriendo avanzar, como queriendo congelar el tiempo mientras la plática sobre el ascenso se desarrolla. Que si el equipo, que si el vehículo, las condiciones del clima, al final determinarían “si sí, o si no”, escalaríamos. La fecha del ascenso Son las 6 am y partimos de Córdoba a Coscomatepec. Los deslaves habían obstruido la ruta y aplazado nuestro cometido, hasta que finalmente se pudo.

Don Fernando nos esperaba. “Pueden dejar aquí su vehículo, vamos a subir en mi camioneta, 4 x 4, pero el conductor es el que marca la diferencia”, comenta nuestro guía. ‘Le dije, regrésate tú’ Don Fernando platica sobre la primera vez que conquistó la cima, los ademanes y su expresión al relatar, denotan emoción, como estar allí nuevamente. “Yo creía que era fácil, pero lo intenté ocho veces, y en esa octava me dije que si no lo lograba de plano lo dejaría, pero lo conseguí”, dice. Don Fernando escaló hasta donde se forma una grieta en la cara norte, donde hay que saltar y quien no puede, no pasa. Dijo ir en compañía de tres amigos, dos de ellos se rindieron, el único compañero que le siguió estaba por claudicar también, pero él lo convenció. “Estábamos a unos 200 metros de la cima y mi compañero me dijo que nos regresáramos, me dijo que la montaña siempre iba a estar ahí, que era peligroso, y le dije ‘regrésate tú si quieres, yo ya estoy de este lado’, y como no se podía regresar solo, me siguió”.

Asegura que después de haber llegado a la cima uno cree que puede conseguir cualquier cosa. Para él, el alpinismo es uno de los deportes más extraños, hasta incomprendidos, ya que en otros deportes como el futbol o el beisbol, cuando el deportista anota obtiene un reconocimiento, una felicitación y las muestras de alegría de hasta millones de personas, pero en el alpinismo no. “Yo lo describo como un deporte solitario, como una actividad que busca más el reconocimiento personal que el público. Allá, en la cima, solo estás tú y tu compañero, y hay un abrazo y después se inicia el descenso”, relata el alpinista. ‘

En tierra firme’ Fernando Gutiérrez es muy conocido en Coscomatepec, sus amigos le llaman “Canelo”, Fernando “Canelo” Gutiérrez. Ha pasado sus días aquí, donde tiene esposa, hijos y nietos, un rancho donde siembra jitomate y cría cerdos, eso hace cuando no es guía de turistas, o cuando no participa en un rescate en la montaña. Pasó 16 años de su vida como Guarda Bosques de la Reserva del Pico de Orizaba, pero ya no más, la vida entre la nieve, el frío y la soledad ha quedado atrás para él y cualesquiera que sean los motivos para subir, ya no le anclan a la montaña como solía ser en el pasado. “Cuando desciendes ya vienes pensando cómo le vas a hacer la siguiente vez, yo conozco las cuatro caras de la montaña, pasé muchos años viviendo allá arriba, viví muchas experiencias, algunas buenas otras no tanto”, pero se queda con todas, no hay una que sea menos importante que otra, dice que todos los ascensos son diferentes, solo hay una cosa en común en cada uno de ellos, la vida está en juego.

A un lado del albergue de Piedra Grande, existen muchas cruces, pertenecen a quienes la montaña reclamó, por inexperiencia, el exceso de confianza, o por alguna tragedia. Entre las cruces se encuentra la del primer alpinista en recorrer la cara norte del Pico, implantó una ruta, sin embargo, la montaña tampoco lo respetó. ‘Hasta que Dios quiera’ El clima nos detuvo, no conseguimos la cima. Don Fernando nos dio ánimos, “la montaña siempre estará ahí “, la frase se acomodó a la perfección. De regreso a Coscomatepec el mal de montaña nos afectó, la recomendación fue un baño de agua bien caliente y beber muchos líquidos, y funcionó. “Con el paso de los años, estoy contento, podía haber hecho otra cosa, estudié hasta el primer año de ingeniería, pero si volviera a nacer, volvería a pedir que me tocara vivir esta experiencia tan grande”, dice don Fernando Gutiérrez quien tiene 63 años, y a quien al preguntarle si ha pensado en el retiro del alpinismo, responde: “sí, cuando Dios quiera”.

José Juan Cruz/ El Mundo de Córdoba