Cada año se celebran, entre otros, el Día de la Mujer y el Día del Matrimonio.

Me referiré en primer término a los matrimonios de antes y de hoy.

Las familias en que nos criamos los ahora ancianos eran muy distintos para los que formaban parte del núcleo familiar. El padre era amo y señor porque llevaba para comer y también por gritón que no admitía de los demás nada en su contra. La señora era generalmente una mártir encargada de guisar, atender, lavar, en suma, encargarse de todo; todavía más soportar a un marido que además era responsable, era dado al segundo frente, a la copa y al tabaco, dando el mal ejemplo a los hijos. Estos estaban obligados a ir a la escuela y después a salir en busca de un oficio porque en su casa era imposible pensar siquiera en tener una profesión.

Actualmente la vida familiar ha cambiado, la mujer, lentamente, ha ido cambiando; estudia, cuando antes eso le era vedado y trabaja debido a que la situación económica del hogar requiere de más gastos. Tamaña situación es muy buena pero tiene sus dificultades: la familia no se junta para comer, costumbre muy sana porque en la mesa los miembros conviven, cada uno cuenta cómo le va en sus estudios y trabajos, etc. Hoy los cónyuges se alimentan cada quien por separado y en distinto lugar, cortando así la relación necesaria en el núcleo familiar al grado que unos desconocen el comportamiento de los otros. El cuadro que he descrito es como un patrón, como algo generalmente vivido en los hogares, pues se debe considerar que, en realidad, cada familia se distingue por sus particularidades. Así, la vida en las zonas rurales, por ejemplo, sigue siendo la misma donde la educación, el mando paterno y las costumbres siguen siendo las mismas, con la desventaja de que la señora continúa padeciendo los malos tratos e injusticias del patrón. Allí aún no llega la propaganda que promueve el respeto, la consideración, el cariño, el respeto y la lealtad de los de su casa, habiendo llegado a los extremos de recibir del marido la blenorragia que éste contrajo en su reciente visita a la ciudad.

De poco han servido en el campo la televisión, el camino pavimentado, el autobús, cuando todavía el reconocimiento a la mujer y el respeto mutuo entre las parejas siguen siendo los mismos de siempre.


Opinión

RUBÉN CALATAYUD


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