No es tan extraño encontrar a aquellas personas que les encanta jugar al experto y dar diagnósticos e incluso sugerir tratamientos, sea en el ámbito médico, nutricional, psicológico, sexual, odontológico o cualquier otra rama involucrada con la salud; sea porque leyeron un poco al respecto, porque tienen algún pariente que estudia algo referente a la salud o, más novedoso aún, porque se dieron la oportunidad de realizar un búsqueda en Google. No obstante es necesario consultar con las personas capacitadas, con los profesionales de la salud, pues, amén de la escasa cultura de la salud mental, el poder adquisitivo nacional y el intrusismo profesional de algunos que, por ejemplo, han estudiado Medicina pero quieren jugarle al psicoterapeuta sin estar realmente capacitados -aunado a la desinformación- muchas personas no reciben la atención emocional que requieren.

Dicho esto y esperando que la cultura de consultar al psicoterapeuta aumente, pues es una cuestión de salud mental, adentrémonos en la esfera de la ansiedad, donde encontraremos varias clases de trastornos tales como la ansiedad generalizada, el trastorno de pánico, las fobias, el trastorno obsesivo-compulsivo o el estrés postraumático. Cada una de ellos tiene sus criterios diagnósticos específicos pero, podríamos decir que todos tienen en común ciertos síntomas en 4 categorías: Psicológicos: inquietud, agobio, sensación de amenaza o peligro, ganas de huir, temor a la muerte, la locura o el suicidio. De conducta: hipervigilancia, impulsividad, dificultad para estar quieto, cambios de la voz. Cognitivos: descuido, dificultad de atención, rumiación, susceptibilidad. Sociales: irritabilidad, “quedarse en blanco”, temor excesivo a posibles conflictos, entre otros. Es decir, el ansioso es una persona que tiene miedo a morir, que no está tranquilo, que se agita y agobia fácilmente, además de presentar taquicardia e insomnio.

Se dice popularmente que los principales trastornos emocionales -ansiedad y depresión- se deben al exceso de futuro, en el primer caso, y de pasado en el segundo. Vivir en la incertidumbre del qué será propiciará los síntomas ansiosos, mientras que aferrarse al pasado y recrearlo mentalmente hará que las personas tiendan a deprimirse. El presente es el único día en que podemos hacer algo. Sin embargo, una vez que la persona ha desarrollado esta patología no la superará fácilmente, necesita ayuda profesional. Los medicamentos reducirán los efectos fisiológicos dando calma temporal pero sin combatir las creencias y pensamientos que han llevado al sujeto a experimentar dichas sensaciones. Los rezos, amuletos y otros rituales, de igual modo disminuirán los síntomas pero no curarán al paciente. No al menos desde un enfoque científico.

La ansiedad suele iniciar en la adolescencia pero ninguno estamos exentos de padecerla, sobre todo con una realidad tan vertiginosa como la que nos ha tocado vivir y en este país en concreto. Cabe aclarar que si no se tratan, los trastornos de ansiedad pueden tener consecuencias graves. Por ejemplo, algunas personas que tienen ataques de pánico recurrentes evitan a toda costa ponerse en situaciones que temen podrían desencadenar un ataque. Esta conducta evasiva puede crear problemas si está en conflicto con requisitos del trabajo, obligaciones familiares u otras actividades básicas de la vida diaria. Muchas personas que tienen trastornos de ansiedad no tratados son propensas a otros trastornos psicológicos, como depresión, y tienen una mayor tendencia al abuso de alcohol y otras drogas. Sus relaciones con familiares, amigos y compañeros de trabajo pueden volverse muy tirantes y su desempeño laboral suele decaer. Afortunadamente contamos con tratamientos efectivos, científicamente probados, como la Terapia Cognitivo-Conductual. Sólo asegúrese de acudir con profesionales competentes.


ALEJANDRO TOVAR GONZÁLEZ

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Licenciado en Filosofía / Psicoterapeuta Cognitivo-Conductual

Miembro de la Sociedad de Filosofía de Castilla-La Mancha, España

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