Opinión

Tomás Setién Fernández

El deporte y la fiesta brava con trajes de luces portados por mi señor padre Don Domingo, sin que tuviese necesidad de lidiar Miuras en su vida siempre ejemplar, campeaban por sus respetos, y lo mismo el grito de un gol, de un cuadrangular o de un olé se posesionaban por cada uno de los rincones de aquel hogar, dulce hogar, e inclusive las jornadas del boxeo profesional, televisadas los días sábados por el canal Dos inmediatamente después de la terminación de aquella gran serie con el sello western enviada por los Estados Unidos, el de La ley del Revólver, con el nunca olvidado del todo Marshall Dillon (James Arness), ante lo cual pegados a la televisión uno se enteraba entre otras cosas, de aquella llegada de los grandes boxeadores cubanos al ring de la Arena México, como Ultiminio Ramos, José Ángel “el Mantequilla Nápoles”, Manolo Mora y Babe Luis entre otros.

La música con marchas militares y hasta deportivas, se encontraba en aquellos discos enormes de pasta, que al menor descuido se quebraban, rompiendo gargantas y batutas de inmortales directores de orquestas, destacando entre todos ellos una verdadera joya, que por desgracia ya el viento y el recogedor se llevó el titulado Llévame al juego Papa, interpretado nada menos que por Frank Sinatra, en una clara alusión a rey de los deportes y al propio rey de la casa.

El propio cine se encargó de haber hecho famosa aquella interpretación de un por entonces todavía juvenil Sinatra, recordando que un film producido en el año de 1949 (uno lo escuchaba como canción de arrullo en la cuna), llevo el título de tan afamada canción, apareciendo en los estelares en la pantalla grande tanto Frank como el también inolvidable Gene Kelly.

El argumento de dicha cinta giraría sobre la historia de dos beisbolistas (Sinatra y Kelly), que tras probar fortuna en el mundo del espectáculo, el deporte puede mas y retornan a la novena querida, en donde la dueña es nada menos que aquella curvilínea sirena que llevó el nombre de Esther Williams, luchando no por subir su porcentaje de bateo ambos, sino por el amor de la patrona.

Por cierto dicha canción siempre rivalizó con la demás música preferida por mi padre, llevando el primer lugar la surgida de la inspiración de Agustín Lara con todo y su suite española, y claro está los Paso Dobles dedicados a los grandes toreros, destacando el de Manolete, en un disco nunca vuelto a escuchar que más o menos decía esto;

-En la plaza de Linares cuándo más brillaba el sol, un toro negro de Miura a Manolete mató-.

Y sin ser trágicos mejor recordar a nuestro padre -cantando por la calle del amor- en alusión al Organillero de Lara.


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