Este lunes 15 de mayo que pasó hubo dos celebraciones: la del día del maestro (civil) y una religiosa, la de San Isidro Labrador, patrono de los agricultores, aunque es de hacer notar que esta fecha en el santoral católico se celebra la fiesta de San Juan Bautista de la Salle, a quien el 15 de mayo de 1950 el Papa Pío XII nombró como “patrono universal de todos los educadores”.

Por la parte civil vale recordar que debemos a Venustiano Carranza quien en 1917 -a iniciativa de los diputados Benito Ramírez y Enrique Viesca- decretó que el 15 de mayo se celebrara a los maestros en nuestro país.

Mi mamá decía “San Isidro Labrador, quita el agua y pon el sol” y en esos años esta manda se cumplía, sin embargo ahora con todo el daño que hemos causado a la naturaleza provocando el único cambio que me parece no es bueno, el cambio climático, ya ni las predicciones de mi mamá llevadas a cabo por los buenos oficios celestiales de San Isidro se cumplen o suceden al revés.

El papa Francisco -un gran maestro- dedicó unas palabras muy certeras a los docentes al decir que “probablemente, ustedes los maestros, no podrán ver el fruto de su labor cuando éste aparezca, pero estoy convencido de que gran parte de sus alumnos valorarán y agradecerán algún día lo sembrado ahora”.

“No confundan nunca el éxito con la eficacia. En la vida no siempre lo eficaz es exitoso y viceversa; tengan paciencia, mejor, esperanza, y no olviden que la clave de toda obra buena está en la perseverancia y en ser conscientes del trabajo bien hecho, independientemente de sus resultados inmediatos”.

Leyendo la biografía de San Isidro Labrador y su faena cotidiana, así como al valorar el trabajo de los verdaderos y comprometidos maestros, existen varias similitudes; el agricultor trabaja la tierra que muchas veces es árida y difícil de lograr buenos frutos; el maestro hace casi lo mismo cuando se enfrenta a cotidianos retos académicos con sus alumnos y logra que esas virtudes y competencias salgan tarde o temprano para bien de los niños y jóvenes y de la sociedad misma.

También San Isidro Labrador (patrono de Madrid, España) era constante, tenía fe y ayudaba al prójimo, condiciones que muchos de los profesores formados “a la antigüita” todavía conservan; es más, el modelo de Escuelas Secundarias Técnicas Rurales formó maestros que hasta la fecha enseñan a los jóvenes competencias relacionadas con el campo, que después son altamente útiles para la vida.

Ojalá que ambas celebraciones se conserven y que los buenos oficios tanto de los maestros como de San Isidro Labrador se revaloren y formen parte del apostolado que realizan quienes son docentes y también de lo que se dedican a la agricultura para que tengamos los alimentos en la mesa de casa.

Trabajar la tierra y dar clases se parecen mucho y ambas actividades son de vital importancia para México, que a estas alturas le urge la construcción de un país en paz, tolerante, educado y bien alimentado.


Sorbos de café

ÁLVARO DE GASPERÍN SAMPIERI


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