Hay un cuestionamiento recurrente hacia el sector que abiertamente establece su preferencia por la izquierda, no la izquierda que disfrazándose de responsable levanta el dedito para recibir beneficios, no, sino una militancia silenciosa por una ideología o forma de pensar alejada de los viejos clichés y las instituciones ordinarias, de gobierno y partidista. La chairiza honesta o neochairos.

Antes de entrar abiertamente en el término neochairo, habría que explicar un poco al “chairo”.

El término chairo lo aplican a aquellos enajenados por la izquierda, aquellos que se van más allá de la aspiración tradicional del comunista, que rebasa cualquier sueño que haya tenido el unicornio azul... para acabar pronto, alguien que tiene muchas chaquetas mentales.

El término masturbatorio alude a que muchas de los deseos del chairo vienen de una izquierda un tanto fundamentalista que manda al diablo a las instituciones, que si bien tiene justificada la decisión, se olvida que pese a todo, el país está en un estado de derecho, a veces un poco fallido, pero al fin derecho.

El término, atribuido a blogueros de principios de siglo se ha generalizado y se ha concentrado en los admiradores a ultranza de movimientos como Morena y a líderes como el Peje (que a veces responde al nombre de Andrés Manuel López Obrador) o Carmen Aristegui, que a fuerza de abrir los micrófonos a la izquierda para equilibrar la balanza, los admiradores del sector oficialistas y conservador la han llamado “Chairistegui”.

Pero, ya hay una evolución del chairo y esta recae en un sector que quiere igualdad, fin de los abusos y paz.

Hoy, el neochairo es un tipo de hippie que anhela un fin social y no sólo libertad de actuar y chutarse un carrujo de mota. El chairo honesto marcha por la izquierda y es capaz de cuestionarla y cuestionarse, piensa en el bien social, le preocupa la falta de cultura y educación, quiere ver noticias duras, críticas, pero también quiere saber que el mundo y principalmente su entorno mejora y vive en paz, pero también quiere decirlo al mundo en el nuevo iPhone.

Lejano a su antecesor, el chairo común, valioso espécimen que sentó las bases de la neochairiza, pero que tenía el grave gen de la violencia y la zombificación, este nuevo ente de la vida social mexicana simplemente maduró y aprendió las enseñanzas de profesionales de la noticia y el análisis que desde tiempos inmemoriales (mediados de los 70s), le daba de patadas en los tobillos al sistema haciendo lo que el político común llama “justos reclamos” y que veía la necesidad en un México con hambre y sed de justicia (cita de Luis Donaldo Colosio que un 6 de marzo de 1994 tuvo un ligero despertar en su letargo priista).

El neochairo evolucionó y piensa más que el chairo, piensa alejado a Maquiavelo que no necesariamente el fin justifica los medios, piensa en los derechos de los demás y no está dispuesto a romper con las reglas de inmediato, tampoco hace trampa simulando en su vida para alcanzar el poder y convertirse en lo que criticaba. Antes es activista, manda iniciativas, usa change.org y de ser posible se une a un grupo que efectivamente busca el poder con el fin de acabar con las injusticias, pero no piensa en morir en el intento, puede esperar y morir en la espera, pero no se martiriza ni violenta, no le gusta que lo confundan con cubano o venezolano.

Este especimen a diferencia del chairo ordinario si sabe capotear muerto de risa las críticas priistas precisamente porque su falsa militancia lo tiene alejado de los pecados capitales de la política partidista y no está dispuesto a defender con cartas blancas al Peje o a Rocío Nahle, ah no, si hay culpas ?que les cooorten la cabeeeeza!.

La neochairiza sabe usar las redes sociales y tiene un detector de bots, dejó de fiarse de las encuestas y si el discurso del político en turno tiene un decálogo de soluciones, sabe que ese político no sirve, tampoco cree en las comisiones que solucionan los casos difíciles, ese es papel de San Judas Tadeo, los casos difíciles sabe el neochairo, que se arreglan con disposición, con hechos, con medidas, no a manera de solución, sino de prevención.

Y hay neochairos adultos y jóvenes, y de estos segundos, se valora que no se trague la oferta del político tradicional que más que cultivar el futuro, contamina el futuro con las viejas medidas que ofrecen becas que nunca llegan, espacios deportivos que nunca se inauguran y cultura que sólo sale a la luz si tiene un membrete bien grandote del funcionario y que siempre va a estar condicionada a una factura con números alterados.

Si hay justicia, democracia real, soluciones, gente satisfecha porque pudo comer y trabajar con un salario justo, casi en medida de la productividad que genera, el neochairo puede estar contento y seguir aportando ideas y moviéndose en “este país”, porque sabe que si es honesto, el futuro no será “este país”.


OPINIÓN

JUAN CARLOS CORTÉS S.

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