Un señor de más de sesenta años arremetió contra 22 mil personas que asistían a un concierto de música countri o ranchera. Eso acaba de suceder en los Estados Unidos donde esa clase de barbaridades ocurre con frecuencia en lugares concurridos.

Tan lamentable desgracia no se atribuyó al terrorismo internacional; desde un principio se supo que el que disparó contra la concurrencia había sido un particular ya viejo para cometer esa clase de actos, actos que dejaron un saldo de muertos y heridos impresionante.

¿Las causas de ese desequilibrio mental?: las frecuentes guerras del imperio norteamericano para mantener su hegemonía. No es de extrañar que las guerras dejen desequilibrio mental sobre los soldados. Vietnam, Irak, Afganistán, esos hechos lastiman las mentes de tanta gente que va a parar a las clínicas psiquiátricas.

Naturalmente, la clase política de Washington ha puesto el grito en el cielo. Hay que parar la compra fácil de las armas de fuego que con tanta frecuencia han causado la inseguridad y la muerte de los pacíficos norteamericanos. Algunos senadores o representantes opinan que ya hay que poner un límite a las numerosas armerías o reglamentar de alguna manera ese comercio.

¿Qué es lo que impide meterle mano al asunto? Eso es que el artículo 2o. de la Constitución de los EU establece que cada personas puede tener para su seguridad armas en su casa. Uno desde aquí dice: ?Hombre! que se reforme la Constitución, pero tan simple solución no es posible porque las industrias que fabrican armas y artículos para la guerra son muy poderosas.

Prohibir o reglamentar esas ventas tendría una peligrosa repercusión: dejar de fabricar y poner a los Estados Unidos sin esos medios de defensa y ataque. Como siempre, el senado deja ese pendiente para estudiarlo muy detenidamente.

La libre venta de armas en el vecino país ha perjudicado a México; la delincuencia organizada puede comprar el armamento más nuevo y mortífero. En su tiempo, el presidente Felipe Calderón protestó porque el narcotráfico mexicano con toda facilidad compra allá mejores armas de las que usa nuestro Ejército Nacional.

Las inconformidades se hicieron directamente al presidente Obama quien se retorcía las manos sin saber qué contestar porque eso de que se debe respetar la Constitución es un pretexto convenenciero.


Rubén Calatayud

OPINIÓN


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