Unas mismas necesidades fundamentales / Maneras diferentes de satisfacerlas

Cada sistema económico, social o político adopta diferentes estilos para la satisfacción de las mismas necesidades humanas fundamentales. En cada sistema, éstas se satisfacen (o no) a través de la generación (o no) de diferentes tipos de satisfactores (recursos o medios para satisfacer las necesidades). Así, uno de los aspectos que define una cultura es su elección de satisfactores, lo que cambia es la elección de la cantidad y la calidad de los satisfactores y/o las posibilidades de tener acceso a los satisfactores requeridos. Cabe agregar, que cada necesidad puede satisfacerse a niveles diferentes y con diferentes satisfactores.

Se satisfacen necesidades en tres contextos:

a) en relación a uno mismo

b) en relación con el grupo social y

c) en relación con el medio ambiente.

Lo que ha sugerido Manfred, en su reflexión, es que cualquier necesidad humana fundamental no satisfecha de manera adecuada produce una patología. Hasta el momento, los tratamientos están orientados a combatir patologías individuales o de pequeños grupos; hoy en día nos enfrentamos a patologías colectivas crecientes, cuyos tratamientos han sido ineficaces; pero para una mejor comprensión de estas patologías colectivas, es preciso establecer transdisciplinariedades.

“Una política de desarrollo orientada hacia la satisfacción de las necesidades humanas trasciende la racionalidad económica convencional porque compromete al ser humano en su totalidad. Las relaciones que se pueden establecer, entre las necesidades y sus satisfactores, hacen posible construir una filosofía y una política de desarrollo auténticamente humanista” (MANFRED, Max-Neef. Desarrollo a Escala Humana).


LA EDUCACIÓN Y LA SATISFACCIÓN DE LAS NECESIDADES HUMANAS

Una mente reflexiva, ordenada, bien estructurada toma conciencia de sus necesidades, distinguiendo aquellas necesidades auténticas de aquellas otras superficiales o creadas artificialmente.

Aprendimos en la edad escolar los instrumentos imprescindibles del trabajo intelectual: la lectura, la escritura y el cálculo. A ellos añadimos un conglomerado de conocimientos que muchas veces para nada útil nos han servido en la vida. Pero no nos han enseñado aprendizajes de los cuales depende en gran manera nuestro bienestar, no sólo material y económico sino afectivo y espiritual y también nuestra felicidad.

En la sociedad actual los mecanismos de producción, de creación artificial de nuevas necesidades, de asociación de estas necesidades a nuevos y compulsivos hábitos de consumo, se han disparado de manera vertiginosa. Es necesario recuperar la conciencia de ello. Hoy, en medio de un contexto educativo tan interesado por las transformaciones que se están produciendo en el medio externo, en nuestra sociedad tecnológica, es de lamentar que la educación a menudo sea tan poco sensible a las transformaciones que se producen en nuestro medio interno, en el interior del propio individuo. Sin embargo, la atracción por el desarrollo tecnológico no debería ofuscar el interés por todo cuanto hace referencia al desarrollo y evolución del ser humano.

Somos necesidad. Las necesidades nos constituyen. ¿La Educación puede seguir dando la espalda a realidad tan fundamental del ser humano, haciendo caso omiso de semejante realidad? ¿Es lógico que en la tarea educativa se deje tan orillada esa realidad, se la relegue a posición tan marginal dentro de las preocupaciones educativas?¿Es normal que en pleno s. XXI una Educación tan interesada por cuestiones como por ejemplo el progreso y los avances científico-tecnológicos muestre tan poco interés por cuanto se refiere a una mejor formación humanística? A ciertas tendencias educativas les puede parecer que hablar de valores o de humanismo es asunto del pasado. Nada más lejos de la realidad.

Si desde la Educación queremos recuperar el interés por todo lo humano, no sería lógico vertebrar su acción en torno a realidad tan fundamental para las persones?¿Es de recibo que el sistema educativo continúe ignorándolas casi como si su existencia fuera una pura anécdota? La educación puede continuar ignorándolas, obviándolas, orillándolas o marginándolas, pero ellas ahí están actuando, realizando su trabajo, presionando en nuestro interior. ¿Es lógico que ante cuestión tan vital la educación y la pedagogía no les den un mayor realce y posición dentro de sus preocupaciones primordiales? Es de lamentar que se preste tan poca atención a la toma de conciencia sobre cuáles son las verdaderas necesidades de los seres humanos y que éstas, a menudo vividas de forma inconsciente, se vean oscurecidas y acalladas por otras más superficiales y además creadas artificialmente. Sería deseable que la Educación desarrollase con todo el realce merecido una “verdadera pedagogía de las necesidades humanas” y se dedicase con mayor ahínco a ayudar a “identificarlas y reconocerlas” y a enseñar la forma más adecuada de satisfacerlas.

Es curioso observar como para ciertas inercias educativas todo cuanto hace referencia al ser humano parecen querer obviarlo, como si de algo marginal y secundario se tratase. Frente a tales tendencias se encuentran quienes reivindican un mayor interés de la Educación por una formación más humanística. El hombre moderno vive enajenado y ha perdido conciencia de la relación que le une con su condición humana originaria. Se necesita recuperar una cierta pedagogía de las necesidades humanas y darle la centralidad que tal cuestión merece. Es necesario devolver al centro de la preocupación educativa tamaña realidad del ser humano. Debería constituir de hecho uno de los 7 saberes fundamentales a desarrollar por la Educación en las próximas décadas. Dicho “descuido” puede considerarse, pues, como una verdadera laguna educativa. No es aceptable que mientras a veces nos entretenemos en descifrar hasta el sexo de los ángeles, cuestiones tan substantivas y de tamaña trascendencia para el ser humano queden relegadas a un segundo plano educativo. En medio de un contexto tan dado al seguimiento de las transformaciones tecnológicas, se requiere una Educación que contemple también las transformaciones que se producen en el interior del ser humano y demuestre un mayor interés por la formación humanística e integral de las personas. En este s. XXI se necesita, pues, desarrollar con mayor relevancia una verdadera pedagogía de las necesidades humanas.



Fausto de J. Morfín Herrera


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