En primer lugar o, como advertencia, esto no se escribe para quienes poco o nada interesa la educación en México, así como para los optimistas feroces que ensalzan sin más lo que ha hecho este gobierno en relación con la llamada reforma educativa.

Entre estos últimos, debemos mencionar, no al presidente, que él sigue autoalabándose porque eso es parte de su oficio, sino al recién encumbrado secretario de Educación, Otto Granados, quien se ha encargado en todo el sexenio de ese proyecto (los secretarios solo han sido meros políticos).

Vayamos por partes. El Instituto Nacional para la Evaluación Educativa (INNE) ha dado un avance de los resultados de la “Prueba Planea” que se aplicó para evaluar algunos resultados del sistema educativo nacional. Los datos, muy escuetos, son estos: “Los jóvenes en México no dominan los conocimientos básicos de matemáticas ni del lenguaje... Los resultados de la prueba Planea 2017, que se aplicó a más de 131.000 alumnos de tercer grado de secundaria del país, muestran que, en promedio, seis de cada 10 estudiantes no saben resolver problemas con fracciones, con decimales, ni solucionar ecuaciones”. Exactamente, los estudiantes que aparecen en el Nivel I de matemáticas, de los cuatro que contempla la prueba, son el 64.5 %, en tanto alcanzaron el nivel IV solo un 5.1 %. Desglosados estos números por tipo de escuela, tenemos ubicados en el Nivel I (digamos, con simplismo, los que apenas saben contar del uno al diez), al 37 % de alumnos de escuelas privadas, al 66.2 % de alumnos de las secundarias generales públicas, al 66.8 % de alumnos de secundarias técnicas, al 69.9 % de alumnos de telesecundarias, y al 86.7 % de los estudiantes de las escuelas comunitarias. En cuanto a lenguaje, “el nivel sobresaliente en el que el adolescente tenga la capacidad de evaluar información implícita y explícita de distintas partes de textos literarios complejos solo ha sido acreditado por un 8,3% de los evaluados” (https://elpais.com/internacional/2018/01/27).

Sorprenden y no estos resultados. Sí, porque nos han llenado los oídos (afortunadamente, no el cerebro) con declaraciones triunfalistas sobre el “incuestionable” éxito de la reforma educativa. El secretario de Educación, en artículo publicado motu proprio, menciona las cinco “fortalezas” de este éxito: La primera, “sin duda, es haber tenido a su favor el consenso de los partidos políticos más grandes de México” (énfasis del autor); la segunda la presenta condicionalmente: “Si se asegura una educación de calidad a mediano plazo, la lucha por la equidad registrará una de sus mayores victorias pues, sin importar el origen social del que procedan, los estudiantes mexicanos tendrán mejores condiciones para alcanzar el éxito profesional y la movilidad social y económica”. La tercera es “profundizar un ambiente de apropiación y pertenencia del espacio por donde circula el espíritu de la educación”, es decir, la escuela; la cuarta, “haber dado origen al Servicio Profesional Docente, con el objetivo principal de establecer un sistema orgánico que promueva la formación, selección, actualización y evaluación del personal docente, en el que hasta ahora han participado poco más de 1,2 millones de profesores”. La quinta, “haber sentado las bases de un nuevo sistema de gobernanza en la educación mexicana. Es claro que el mayor soporte es el andamiaje constitucional (el énfasis es del autor) y legal de la propia reforma, lo que le da no sólo un robusto sostén jurídico sino también un evidente peso institucional” (https://elpais.com/internacional/2018/01/20).

En absoluto desacuerdo con estas afirmaciones, los datos duros de la Evaluación indican que “A pesar de la implementación de la Reforma Educativa hace cinco años en México, el desempeño de los adolescentes en estas áreas de conocimiento no ha mejorado desde 2015, por el contrario, las brechas entre los grupos socioeconómicos se ha agudizado en los últimos dos años, reconoce el INEE”. “La pobreza se relaciona de manera importante con los aprendizajes: las poblaciones más pobres alcanzan menores aprendizajes. La educación no está alcanzando su cometido de romper la transmisión intergeneracional de la pobreza”. Y más: Jorge Hernández Uralde, titular de la Unidad de Evaluación del INEEE, sentenció: “Dos terceras partes de la población que está terminando su secundaria no tienen los conocimientos mínimos indispensables. Poder resolver sumas, restas, multiplicaciones, divisiones con números decimales y fracciones es parte del currículo de la educación primaria” (Ibid).

Sin embargo, el secretario insiste en que “La reforma (educativa) constituye el paso más importante en la historia de la política educativa mexicana de las últimas cinco décadas y el tiempo permitirá dimensionar con precisión y objetividad la profundidad de la transformación emprendida en estos años”...

En lo que sí tiene razón el secretario es en lo que afirma en el primer párrafo de su enjundioso artículo: “como decía Bismarck, ‘nunca se miente tanto como antes de las elecciones‘”.

Sin duda, estos son esos tiempos...


Opinión

GINO RAÚL DE GASPERÍN


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