México solía ser un país famoso por sus fiestas, por su cordialidad, por una actitud relajada y hospitalaria, donde al ofrecimiento de un taco o la cooperación para el convivio, se buscaba fomentar la convivencia -dejando de lado los pretextos para consumir alimentos y bebidas en exceso- cualquier día era bueno y todo parecía transcurrir sin incidencias reseñables. No obstante, está la otra cara de la moneda, la violencia, la imposición, la soberbia, la doble moral, la descalificación o censura del otro; la actitud hostil y la discordia fomentada en las palabras y acciones de muchos connacionales, muy probablemente a causa de los abusos sufridos, la falta de una formación más ética o sus necesidades afectivas no satisfechas.

Y queda en la mesa de análisis la ancestral pregunta: ¿es el hombre malo por naturaleza? ¿Nace bueno y es su entorno quien lo va “maleando? ¿Es posible hablar siquiera de una naturaleza humana, o simplemente existe condicionamiento? La conciencia es el acto psíquico mediante el cual una persona se percibe a sí misma en el mundo; mientras que desde una postura filosófica, conciencia es la facultad humana para decidir acciones y hacerse responsable de las consecuencias de acuerdo a la concepción del bien y del mal. Todos fuimos culturizados, criados por otros miembros de una tribu social; se nos insertó en un andamio idiosincrático en el que aprendimos tanto por estímulo como por imitación. Mención aparte merece el libre albedrío, como el poder de elegir y tomar las propias decisiones.

Paul Henri Thiry, Barón de Holbach (1723 - 1789), escritor franco-alemán, filósofo, y enciclopedista prominente en la Ilustración francesa nos dice: ”El ser humano es desgraciado porque es ignorante. Es necesaria una nueva ilustración“. Los males que vivimos en nuestra sociedad actual no son gratuitos ni fortuitos sino producto de un proceso vicioso, de corrupción, violencia y poco respeto por la dignidad. Se trata de un lamentable proceso de deshumanización, resultado de la irresponsabilidad de los principales actores: padres en el seno familiar, gobernantes y dirigentes en la colectividad. ¿Cómo se podría vivir en una sociedad armónica cuando los padres no son capaces de fomentar una relación armónica? Imposible fomentar el respeto cuando obstruir la entrada del vecino, censurar las preferencias sexuales o agredir al otro con comentarios sutiles por diversión son el común denominador.

”El misántropo es la más de las veces un malvado que, no sabiendo hacerse amar de ninguno, toma el partido de aborrecer a todo el mundo“, plantea el Barón de Holdbach. Un misántropo es una persona que muestra antipatía por los seres humanos y la humanidad como entes. Los actos de barbarie cometidos por el crimen organizado y cualquier criminal de poca monta, que han enlutado a miles de familias mexicanas desde hace más de doce años, exaltando descaradamente las conductas destructivas dignas de aquel ser carente de amor, aterrorizando a las personas de bien, quienes creemos en el trabajo digno, en la formación académica, en un mejor mañana donde podamos vivir en paz, tranquilos y felices con aquellos a quienes amamos; estos no son más que actos malvados y aberrantes.

El mismo Holdbach expone: ”Las naciones salvajes y furiosas, que les gusta la guerra, adoran, bajo nombres diversos, a algún dios conforme a sus ideas, es decir, cruel, carnívoro y egoísta“. Esto no es cuestión de credo ni de clase social o condición económica. Se trata de formación humanística, de corrección y rectitud; de una vida ética como el mejor medio para obtener lo que se busca. Me sumo a la esperanza de miles de paisanos por ver un México tranquilo, digno, seguro; una patria de la cual sentirse orgulloso y un mundo más humano en el cual vivir.


ALEJANDRO TOVAR GONZÁLEZ


Licenciado en Filosofía

Miembro de la Sociedad de Filosofía de Castilla-La Mancha, España


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