PRIMERA PARTE

Para quienes frecuentamos las redes sociales ya no es sorpresa encontrar noticias sobre rectores de universidades, locutores de radio, cantantes famosos, ministros de cultos y otros personajes que ocupan ciertos estratos no tan inferiores de la escala social, que expresan su opinión sobre cada nueva joven desaparecida, asesinada, secuestrada, violada. Estos sujetos dicen, en síntesis, la misma historia: ellas se lo buscan por vestirse así, por salir solas, por abusar de su libertad, porque no deben salir de noche, porque tomaron más de una copa, porque muestran las piernas o los pechos más de lo debido, por viajar solas, y una serie de razones que enardecen a sus lectores en las redes.

Por ejemplo, sobre el artículo de www.diariocambio.com.mx, fechado 11 de septiembre de 2017: “El rector de la Universidad Madero (UMAD), Job César Romero, responsabilizó a las mujeres de tener la culpa en ser víctimas de feminicidios o desaparecer, pues consideró que eso se deriva por el libertinaje en el que han caído.”

El alud de respuestas a esta postura no se deja esperar. He seleccionado algunas de ellas manteniendo oculta la identidad de sus autores:

Réplica 1: Eso es misoginia y peor para alguien que dice ser profesional

Réplica 2: ¿Pero que significa exceder la libertad? ¿Estudiar? ¿Ser? ¿Trabajar? ¿Tomar nuestras propias decisiones? ¿Elegir? Pobrecito, no merece ni ser llamado hombre, qué no sabes que eso es simplemente libertad, sin género, tú desde luego ni tienes género ni cerebro, y tu posición sólo obedece a la inmensa ignorancia de los poderosos.... das vergüenza.

Réplica 3: Cómo puede gente así tener a su cargo la rectoría de una Universidad, con tan corto criterio, que condenan la libertad que se ha conseguido con mucho trabajo, y sigue estigmatizando, por eso no podemos dejar de hablar de “género”, siempre tenemos que catalogarnos para defender derechos, ¡uff!

Mucho he pensado sobre este tema tan delicado. Fui educada en la segunda mitad del siglo XX por un padre bastante dominante quien no dejaba libertad para divertirse. Su idea de la vida era el trabajo, la responsabilidad. “Ganarse el pan con el sudor de la frente”, solía decirnos mi madre y estaba muy orgullosa de ello. La libertad que se reclama hoy, era impensable entonces, y desde luego que yo misma estuve siempre en desacuerdo con el rigor con el que nos educaron y para nada lo continué una vez que se liberó la presión infringida por la manutención. He sido una mujer independiente que no se sometió a nadie más y cuando digo a nadie, así es.

De cualquier manera, hay veces que siento exagerada la libertad que las jóvenes reclaman para sí mismas: salir a los antros y regresar cuando y con quien lo deseen, beber cuanto les venga en gana; vestirse también, como les venga en gana; hablar con un lenguaje que todavía hace veinte años me parecía inadmisible que usaran mis alumnos en el aula ni en el pasillo.

Ante tanto reclamo de la sociedad en general y la defensa de los derechos de la mujer en esa loca carrera por sentirse en igualdad con el hombre, me he preguntado varias veces: ¿En dónde se aloja la verdad? ¿qué es lo correcto? La cifra de jóvenes asesinadas, violadas, desaparecidas, es alarmante y no se ve para cuándo vaya a detenerse. Y conste que no estoy ignorando a los jóvenes del sexo masculino que también desaparecen y son asesinados pero no se trata de ellos esta reflexión.


Opinión

LILITT TAGLE


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