Funcionarios y exfuncionarios de la Secretaría de Salud de México exigen con pañales sucios colgados frente a la puerta de la sede que sus hijos tengan una plaza en esa institución, recordando que antes la ley daba carácter hereditario a sus empleos. "Yo trabajo en el Hospital Juárez. Una de mis hijas acaba de hacer un examen en marzo. Cuatrocientas gentes para diez plazas es demasiado y no nos dan plaza. Yo voy a cumplir cuarenta años de servicio y no puedo meter a mis dos hijas", afirmó ayer Carlos, un funcionario de 67 años.

Detrás de él cuelgan de unas cuerdas unos pañales sucios de pintura que simula heces y flujo menstrual, en una protesta tan singular en la forma como en el fondo y que ya dura seis meses, aunque los reclamos vienen de antes.

La imagen sorprende a los transeúntes que pasan por delante del edificio principal de la Secretaría de Salud, a pocos metros del Paseo de la Reforma de la capital mexicana. Una fuente de la Secretaría de Salud consultada por la agencia Efe indicó ayer que la única posición de la institución sobre la protesta es que "no se trata de un reclamo laboral, es una exigencia de plazas para los parientes", lamentó.

II EFE