“Nací siendo un gran celebridad. Sólo podía disminuir”, confesaba en una entrevista hace unos años. Tan sarcástica como los personajes que ha interpretado, Carrie Fisher ha sabido repasar con mordacidad tanto los dramas y excesos de su vida personal como su carrera cinematográfica, eclipsada por la princesa Leia, el personaje de “Star Wars” al que dio vida por primera vez hace cuatro décadas.

Reconvertida en escritora, guionista y ‘script doctor’ (guionistas que no aparecen en los créditos, pero que arreglan los diálogos y escenas), su novela ‘Postcards from the Edge’ fue llevada al cine con guión de la propia Fisher, que más tarde ha revisado los textos de películas como ‘Hook’, ‘Sister Act’ o ‘The Wedding Singer’, y se dice que George Lucas le pidió que corrigiera la segunda trilogía de “Star Wars”.

Cuatro décadas después de la primera entrega de la saga, ‘Star Wars: A new hope’ (1977), Carrie Fisher volvió a interpretar a Leia Organa en el séptimo episodio de la franquicia, ‘The Force Awakens’, película en la que, convertida en general, se reencontró con los otros protagonistas de la trilogía original, Harrison Ford, quien también alcanzó el estrellato gracias a su interpretación de Han Solo, y Mark Hamill, el mítico Luke Skywalker.

A sus 60 años, Carrie Fisher tiene en Gary, un bulldog francés, su gran amor y apoyo en la terapia del trastorno bipolar que le diagnosticaron a los 29 años, y no tiene reparos en mostrarse irreverente en las redes sociales. Su último objetivo, el candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, al que ha llegado a acusar de esnifar cocaína.

UNA VIDA TURBULENTA.

En ‘Wishful Drinking’, un exitoso monólogo autobiográfico que también trasladó al papel, Carrie Fisher reconoció abiertamente sus problemas con el alcohol y las drogas. “Soy Carrie Fisher y soy alcohólica” era el contundente comienzo de una pieza teatral con la que la actriz revisitaba una vida marcada por los dramas.

Ya en su primera novela, ‘Postcards from the Edge’, la trama contenía marcados tintes autobiográficos, con una protagonista, también actriz, que al igual que la propia Fisher había estado al borde de la muerte por consumo excesivo de drogas.

Carrie Frances Fisher nació en 21 de octubre de 1956 en Beverly Hills (Los Ángeles, California) y, desde mucho antes de ser la princesa Leia, ya era la princesa de Hollywood, “hija de los Brad Pitt y Jennifer Aniston de su tiempo”, que se divorciaron cuando ella apenas tenía dos años después de que su padre, el cantante Eddie Fisher, abandonara a su madre, la actriz Debbie Reynolds, por Elizabeth Taylor.

“Cuando dos ‘celebrities’ se aparean, alguien como yo es el resultado”, ha llegado a decir la actriz, que se define a sí misma como “un producto de la endogamia hollywoodiense”.

Tras alcanzar el estrellato como la princesa Leia Organa y hasta finales de la década de los 80, Fisher vivió sus peores momentos de adicción a las drogas, sobrevivió a una sobredosis y pasó por programas de desintoxicación. “¿Conocéis ese dicho que sostiene que la religión es el opio de las masas? Bueno, pues yo tomé masas de opio religiosamente”, cuenta en uno de sus espectáculos teatrales.

En la misma época se desarrolló su tormentosa relación con el músico Paul Simon, al que Fisher considera una “copia exacta” de su padre. “Me casé con un hombre que era músico, bajito y judío. ¿Les suena?”. De su relación posterior con el cazatalentos Bryan Lourd en los años noventa tiene una hija, Billie Lourd, también actriz.

REFERENCIA EN HOLLYWOOD.

No existen tabús para Fisher, que no sólo ha afrontado sus problemas sino que ha sabido cómo rentabilizarlos y vivir de ellos. Habla sin reparo y con humor de ese pasado de drogas y alcohol, su trastorno bipolar y su depresión. Y también sobre su participación en “Star Wars” como una princesa tan rebelde e independiente como ella.

“El hecho de que sepas que todo eso es gracioso es lo que te va a salvar la vida”, cuenta en su biografía la actriz, que para el gran público siempre será la princesa Leia, pero que en Hollywood se ha ganado la admiración y el respeto como una de las ‘script doctor’ de referencia.

Después de su aparición en las tres primeras entregas de “Star Wars” - ‘A New Hope’ (1977); ‘The Empire Strikes Back’ (1980) ; y ‘ Return of the Jedi’ (1983) -, nunca tuvo otro papel principal del mismo nivel, aunque participó en clásicos de los años 80 ‘The Blues Brothers’ (1980), ‘Hannah and her sisters’ (1986), o ‘When Harry met Sally’ (1989).

En los últimos años, Carrie Fisher ha aprovechado todos los escenarios para hablar con franqueza de su relación con las drogas y el alcohol y sus problemas de salud mental, pero también para mostrarse crítica con una sociedad que la atacó por reaparecer tan envejecida en la última entrega de Star Wars o manifestar su posición política.

A caballo entre Los Ángeles y Londres, y siempre irónica en las entrevistas que concede, Fisher ha encontrado en Twitter una nueva plataforma para sus ácidos comentarios, pero también para mostrar su día a día con su bulldog Gary o para apoyar la carrera como actriz de su hija.

“No se puede encontrar afecto verdadero en Hollywood, porque todo el mundo finge el afecto muy bien”, ha dicho Fisher de la meca del cine, que en la promoción de “The Force Awakens” no dudó en aparecer en entrevistas acompañada por Gary y mostrarse ácida y rebelde para romper una vez más todos los esquemas.

En abril de 2016, la Universidad de Harvard otorgó a Fisher uno de sus galardones anuales en la categoría de Humanismo Cultural por su “activismo directo y franqueza sobre la adicción, las enfermedades mentales y su agnosticismo” y tratar públicamente estos asuntos “con creatividad y empatía”.

Por Miriam Soto.

EFE/REPORTAJES