Antes que nada debo anotar que la estupenda actriz Mercedes Olea no fue a las clases de cómo planchar una camisa, la famosa camisa, personaje de esta puesta en escena y que funge como nudo narrativo de esta historia temporalmente corta (en esta historia transcurren aproximadamente cinco horas), de la vida de una familia de la clase media baja en la Ciudad de México, con todo lo que esto implica: cabecita blanca, macho Godínez alfa, hija en vías de ser igual que su madre e hijo presumiblemente “enfermo mental”, pero que en el montaje se muestra como el más cuerdo de la familia.

El director presenta la narración en un escenario mínimo desde el momento, media mañana, que la madre cumple con sus deberes domésticos, no tiene otros, hasta que el novio, un “mirey” de Bosques de las Lomas, zona de gran lujo de la Ciudad de México para familias muy adineradas, se va de la casa después de ser testigo de los problemas familiares de quien va a ser su pareja.

Aunque los tiempos han cambiado en el hecho de que María la hija ya no se va a casar, sino sólo se va a “juntar” con Mariano, en todo lo demás es igual porque sigue los pasos de su madre, abnegada madre de familia representada por la magnífica actriz Mercedes Olea, quien también le deja creer a su marido que acepta sus dichos en relación con el problema de la camisa, para ya no hacerla “de tos”, en vista que vendrá a comer el novio de la hija mayor de la familia.

Beto, quien aparentemente vive el Síndrome de Asperger, es el hijo menor de esta familia y es él quien tiene realmente los pies en la tierra en muchas cuestiones, esa quien expresa es “lo que debe ser” en cuestiones morales, éticas y emocionales, en una soberbia actuación que apabulla a los demás, quienes también tienen lo suyo en cuestiones actorales.

En este montaje es interesante ver que el director puso énfasis en el trabajo de los actores que en la puesta en escena, ya que sobre el proscenio los espectadores sólo vemos el comedor (una mesa y dos sillas) y la sala de la casa, núcleos espaciales de todas las familias que se precien de serlo. En estos espacios se desarrolla una trama muy divertida, donde quienes la observan ríen a carcajadas para no ponerse a llorar al ver reflejada su vida en el escenario, de una u otra maneras, tanto los clasemedieros como los adinerados (las personas que viven con el salario mínimo no pueden acceder a un espectáculo como éste y ¡menos! si le cobran a uno el precio “de la impresión” del boleto, que no es mucho –cinco pesos-, pero el hecho de hacerlo es muy desagradable para quienes hacen un esfuerzo para pagar lo que se merecen los buenos actores y las mejores puestas en escena).

El loco y la camisa es un montaje inteligente y justamente dirigido y montado, con actores profesionales que dan la medida de sus personajes –sólo en un par de veces al padre no se le escuchaba adecuadamente cuando “hablaba” con su esposa--, tanto en forma como en fondo. La realidad allí expresada es la misma que viven muchas familias de cualquier estrato social. Vale la pena verlo, reírse mucho y pensar más con lo que se representa en escena.

Autor: Nelson Valente (Argentina 1971), adaptación: Ignacio Riva Palacio. Director: Sebastián Sánchez Amunegátegui. Con: Mercedes Olea (Matilde, madre), Marcos García (José, padre), Ignacio Rivapalacio (Beto, hermano), Sonia Couoh (María, hermana), Manuel Balbi (novio). Iluminación: Xóchitl González. Vestuario: Manuel Balbi y Sonia Couoh. Productores: Sebastián Sánchez A. e Ignacio Riva Palacio. Teatro Foro Shakespeare, Zamora 7 Col. Condesa, martes 20:30hs.


II Rebeca Ramírez Gasca

Colaboradora CDMX