Si por fortuna nos tocó ver la luz primera en Tehuacán, o si habiendo nacido en otra parte, las circunstancias nos han traído a residir aquí, reflexionemos sobre la corresponsabilidad que tenemos por hacer entre todos de nuestra ciudad un mejor lugar para vivir, disfrutar y multiplicar las oportunidades de progreso y superación para todos. Creemos muchos, equivocadamente, que esa labor corresponde a las autoridades, pero cada uno de nosotros debe preguntarse cuál es su misión en este gigantesco trabajo conjunto.

Lo más importante es tener una vida honesta y útil, somos diferentes, únicos con distintas metas y potencial, es lamentable amanecer y anochecer sin un proyecto definido de lo que deseamos hacer; desde luego aspiraciones posibles y a nuestro alcance, los sueños son muy bonitos, pero son eso, sólo sueños. A más años de edad, más importante nuestra labor de convencer a los menores de nuestra familia de integrarse a esta gran cruzada para alcanzar la superación. Que no existan en los hogares de nuestra ciudad NI-NIS pequeños ni grandes, que ni estudien ni trabajen, hay que aprovechar el tiempo, porque no regresa.

La autosuficiencia debe ser el primer objetivo individual, salvo los niños muy pequeños que aún deben ser atendidos por sus mamás, ya los preescolares pueden hacer algunas sencillas tareas en su casa como regar plantas, recoger basura, atender a las mascotas si las hubiera y aprender a mantener limpio y en orden su entorno. Conforme los años pasan más tareas de acuerdo con su edad, se les pueden ir asignando. Los buenos hábitos se imprimen en la infancia. El aprovechamiento escolar y sus resultados, debe ser exigido por los padres, porque la buena preparación educativa será factor muy importante para su buen futuro.

Pero las obligaciones no sólo deben circunscribirse a la casa, para que alguien ame el lugar donde vive debe ocuparse de alguna tarea comunitaria. Desde antes de la adolescencia por ejemplo pueden entrar al grupo juvenil de CRUZ ROJA, para forjar su carácter en una actividad humanitaria, conocer de cerca personas en situación difícil ayuda a desarrollar el verdadero espíritu de solidaridad. Aunque las escuelas de nivel medio superior exigen dentro de sus planes de liberación de estudios que el alumno cumpla con un número indeterminado de horas de trabajo social, que mejor que desde la familia se concientice que la casa no es de la puerta para adentro, sino también de la puerta para afuera.

Nunca, mientras haya vida, es tarde para aprender algo nuevo, no sólo recibido en las aulas, sino en la escuela del mundo de cada día. En las familias hay mayores, hombres y mujeres que saben hacer alguna artesanía, tocar algún instrumento o hacer alguna delicia culinaria. Esa habilidad, hay que compartirla con las nuevas generaciones. Seguramente algunos de mis lectores dirán que a los niños y jóvenes esas cosas ya no les interesan. Pero siempre habrá alguien aunque no sea de la familia que quiera aprenderlas.

Aunque la preparación escolar es básica, también puede ser satisfactorio aprender un oficio que entusiasme. Si ese es el caso, acercarse a quien lo domine y pedir su asesoría. Es importante que todos estemos dispuestos a romper esa brecha entre las generaciones que tanto nos ha dividido y tanto mal ha hecho.


¿Y TÚ, QUE ESTÁS HACIENDO HOY POR UN TEHUACÁN MEJOR?


Guadalupe Martínez Galindo

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