Esta semana, el día 8 de Marzo , celebramos el Día Internacional de la Mujer. Es indiscutible que la vida de cada ser humano gira en torno a una de ellas, madre, hermana, esposa, hija, novia o amiga, por lo tanto es una festividad cuya celebración nos involucra a todos. Basta mirar a nuestro derredor para darnos cuenta que ese sólido pilar de los hogares, se ha ganado el sitio de honor a base de entrega incondicional a sus seres queridos, desde que amanece hasta que anochece y hasta el último instante de su vida.

La mujer es forjadora de vida y asume, sola o protegida por su pareja, la responsabilidad de mantener y crecer a sus hijos de la mejor forma posible. Pero, la realidad actual que estamos viviendo, de incontables problemas sociales, hace imperativo que nos preguntemos hasta qué punto esas múltiples ocupaciones que desempeña han dado como frutos hijos buenos, estables y útiles a sí mismos, a nuestra ciudad y nuestro mundo como un todo.

Desde la segunda guerra mundial en los años cuarenta del pasado siglo XX, las circunstancias hicieron que tuviera que incorporarse al mercado laboral, lo que trajo como resultado un cambio vertiginoso en los roles domésticos establecidos desde la más remota antigüedad. Tuvo, sin duda un positivo desarrollo en sus aptitudes y las cualidades que posee le permitieron escalar sin dificultad a excelentes posiciones en el campo del trabajo, pero como no es posible estar en dos lugares al mismo tiempo, la calidez del hogar se perdió, los hijos lo resintieron y de ahí las conductas inadecuadas de muchos de ellos que han ido empeorando de generación en generación.

Ojalá en este día que se les homenajea, cada mujer reflexionara sobre su propio caso, que es único y se cuestionara si tiene la dicha de ser madre, hasta donde ha podido equilibrar sus actividades, para que su labor de formadora de hijos sea incuestionable y viva con la tranquilidad y la certeza de estar entregando a Tehuacán, hombres y mujeres íntegros, productivos, autosuficientes para ellos y los suyos, que sean hoy su orgullo y su mejor seguro para los años porvenir.


Guadalupe Martínez Galindo

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