Para ser una celebridad no es necesario ni tener el pelo blanco, ni ostentar títulos que avalen una preparación académica muy prolongada. Basta hacer, con calidad excelente, la actividad para lo que sintamos vocación ; este es el caso de nuestro personaje de hoy que siendo aún adolescente hizo que el nombre de Tehuacán, fuera conocido y repetido en todo el territorio nacional y también internacionalmente tiempo después en concursos efectuados en Estados Unidos que lo llevaron a bailar en Francia.

Muchas personas jóvenes le conocen, le aplaudieron y lo apoyaron en el certamen televisivo “Bailando por un sueño” Los de mayor edad, poco interesados tal vez en el seguimiento de estos concursos, deben conocer a este destacado tehuacanero, por lo que les comparto algo de su historia.

Nació en Tehuacán hace tres décadas. Desde que llegó al mundo tenía como se dice coloquialmente “la música por dentro”, cuentan que desde los tres años por iniciativa propia bailaba al son que me pusieran sin haber recibido ninguna instrucción previa. ¡Bailar, desde que recuerda fue su afición favorita! Su papá veía con reserva su afición pero su mamá lo apoyó siempre en la actividad que deseaba desarrollar.

Con amigos que tenían el mismo gusto por el baile, practicaba mucho y aceptaban las invitaciones que recibían para ser chambelanes en bailes de quince años. Poco después, comenzaron a montar coreografías para estos eventos con buen éxito y establecieron una academia de baile. En ese tiempo estaba en la televisión la primera versión del concurso “Bailando por un sueño” que él seguía con mucho interés y cuando se abrió la convocatoria para una segunda temporada se inscribió yendo a la ciudad de México a hacer un casting y de miles de aspirantes fueron quedando cada vez menos hasta escoger a los que participarían entre los que fue seleccionado.

Vinieron los triunfos, las ofertas de trabajo y una temporada muy rica en experiencias de todo tipo entre los foros de televisión de la ciudad capital y el extranjero, tiempo que le permitió sopesar los valores transitorios y duraderos que deseaba tener en su proyecto de vida. Decisión sin duda muy difícil en donde solamente una sólida formación familiar fue decisiva para elegir. Volvió a Tehuacán, se casó, formó una familia y hoy se dedica a enseñar a niños y jóvenes en varios escenarios a bailar, sintiendo la música, que es el factor necesario para proyectar este difícil arte que le ha dado satisfacción y fama.


Guadalupe MARTÍNEZ Galindo

“TEHUACÁN, PARA AMARLO HAY QUE CONOCERLO”

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