La hipermodernidad, época y tiempo socio histórico, político, cultural y económico que nos ha tocado vivir, se ha caracterizado por un cambio negativo considerable en la dinámica y creación de los lazos afectivos y amorosos entre los individuos, así como también, la formulación de nuevas formas de incorporar la realidad. Las altas exigencias en el cumplimiento de objetivos inalcanzables, la indiferencia al dolor y sentimientos ajenos, la violencia simbólica y física reinante en los diversos ambientes de convivencia, así como también la vanguardista puesta en escena de la cultura light, donde los objetos materiales y utilitarios son sustituidos por las muestras de amor, afecto, interés y solidificación de vínculos humanos, han ocasionado un flagelo Psicológico llamado “Estrés” que afecta las sociedades e individuos y que lamentablemente toda esta información es transmitida y heredada a los niños. Es por ello que México se sitúa como el segundo lugar entre los países con mayor estrés con un 40% según el instituto Nacional de Psiquiatría y en caso de los niños son afectados con un 5 de cada 10 que padecen “Estrés Infantil” según el Hospital General del Centro Médico Nacional.

Es importante conocer que el “Estrés Infantil” se caracteriza en el niño, por la incapacidad de responder adecuadamente a un cambio súbito e imprevisto de su vida cotidiana que no puede controlar y que afecta su estado emocional y de conducta. Cambios que pueden ser desde vivienda, separación de los padres, muerte de un ser querido, llegada de un hermano y otros como maltrato, problemas económicos, enfermedades, exigencias exageradas de los padres y actividades extraescolares y deportivas imposibles de cumplir, así como también la debilidad en los vínculos amorosos con los padres.

Entre los síntomas del “estrés infantil”, observamos los físicos, como dolor de cabeza, molestia estomacal, trastornos del sueño (ausencia, pesadillas), mojar la cama y falta de apetito; y psicológicos, como ansiedad, preocupación por algo consciente e inconsciente, hiperactividad-agotamiento, miedo a la oscuridad, inseguridad-Timidez, agresión y baja tolerancia a la frustración y concentración que afecta su desempeño escolar y social.


¿Qué hacer?

Solicitar apoyo psicológico para padres e hijos. Aceptar a hijos con debilidades y fortalezas, evitando la sobrecarga de exigencias y responsabilidades inalcanzables para un niño. Elevar los niveles de comprensión, empatía y comunicación con los niños. Elaboración de juegos, aumento de charlas entre padres e hijos, lectura de cuentos e historietas que estimulen el lazo emocional-afectivo y vínculo amoroso.


Psic. César Sinuhé GÓMEZ SÁNCHEZ

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Psic. César Sinhué Gómez, Terapia Psicoanalítica Niños,Adolescentes, Adultos y Parejas

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