Ha causado una gran inquietud entre la ciudadanía, la decisión de las autoridades del Ayuntamiento respecto al sistema que han decidido cambiar, en el servicio de la recolección de la basura que generamos a diario.

Independientemente si la medida es buena o mala, si se lleva adelante o se revierte, es el momento de que pensando en nuestra propia calidad de vida, cada uno solucione de la mejor manera posible el destino de los desperdicios que salen a diario de su hogar, a veces donde vemos un final catastrófico está un principio edificante, siempre que reflexionemos sin apasionamientos que es necesario ajustar nuestro tiempo y comenzar a ordenarnos en ese rubro.

Se ha insistido hasta el cansancio, desde enseñanzas a niños de primaria en el reciclaje, aprender desde la casa a seleccionar la basura que se produce: recipientes diferentes para papel y cartón, metales, vidrio, plástico y desechos orgánicos como desperdicios de alimentos, que en una cubeta grande pueden ser la base para una excelente composta para sembrar plantas o abonar las que ya tengamos en el hogar, solo hay que ir alternándola con capas de tierra. Todo lo demás se puede vender, en todos los rumbos de la ciudad pasan a diario compradores en camionetas que se llevan todos esos residuos clasificados, quien no pueda esperar esos comerciantes, puede los fines de semana llevarlos a sus depósitos. Cierto es que sólo dan a cambio unos cuantos centavos, pero el problema del destino de la basura que es el medular quedaría solucionado.

Abandonar una “zona de confort” como es ir a tirar nuestras bolsas en el contenedor más cercano, cuesta trabajo, pero hay que adaptarse a los nuevos retos que nos pueda ir presentando el tiempo, la solución comienza desde la base que formamos todos los habitantes de la ciudad, veamos en este cambio una oportunidad para aprender a vivir mejor, a comer productos naturales que vayamos a comprar a nuestros mercados, a no consumir al doble de precio artículos de consumo con un empaque atractivo que pagamos, lesiona nuestra economía y termina en la basura y a aprender, de una vez por todas, a que buscar el mejor acomodo a nuestros desperdicios, lo cual es una responsabilidad personal.

Los pretextos para no hacerlo pueden ser infinitos, el más importante, la falta de tiempo de las personas que trabajan, que durante muchos años vieron al contenedor de basura como un amigo que daba cabida a todo lo que ya no les era útil. Cada quien ajustará su rutina para poder atender esta nueva actividad que le exige atención para mantener una aceptable calidad de vida.

Se debe exigir a la autoridad que se ocupe escrupulosamente de mantener limpias nuestras áreas públicas, calles, parques y jardines, pero si todos colaboramos con la mejor voluntad, para solucionar este problema, vamos a dar un gran paso que hemos estado retrasando por años para producir menos basura y aprender como una nueva ciencia la tecnología de su aprovechamiento.

Es un problema de salud, estético y social que está en manos de todos resolver.


GUADALUPE MARTÍNEZ GALINDO

“TEHUACÁN, PARA AMARLO HAY QUE CONOCERLO”

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