Hay en nuestra ciudad un número muy importante de personas y de grupos altruistas que se han impuesto la misión de ayudar a quien lo necesita y solidarizarse con quien pasa momentos difíciles para hacerle sentir la comprensión y calidez que es tan vital para superarlos. Desafortunadamente poco se difunde su labor y es importante que la conozcamos, tanto por si desafortunadamente llegamos a necesitar de su mano amiga, como por si estamos en el lado de los afortunados y tal vez podríamos sumarnos a su labor en favor de otros.

Desde luego los cuerpos de auxilio como Cruz Roja, Bomberos, etc. son los más representativos, pero tienen exigencias específicas de servicio, horario y adiestramiento que no todos pueden cumplir, pero una labor personal menos formal y voluntaria en el tiempo y forma que más se ajuste a las rutinas de cada quien puede ser muy útil a quienes se destine y muy gratificante para quien la ofrezca.

Los departamentos de urgencias médicas de los diferentes nosocomios de la ciudad siempre están desafortunadamente llenos de gente, algunos van con familiares, pero siempre hay personas solitarias que deben cargar solas el peso de la prueba de algún ser querido en crisis. Esas personas necesitan, una palabra amable, una recarga telefónica mínima para mantenerse comunicado, un café o un alimento para aliviar su ayuno, es ahí cuando un rato de solidaridad al prójimo puede hacer la diferencia, o acompañar a un herido y tranquilizarlo mientras les llegan sus familiares

De la misma forma, las personas que llegan a las inspecciones de policía por un accidente o hecho delictuoso, más si fue intempestivo, hablarle a un familiar o a la compañía aseguradora o a un defensor de oficio.

Es tan rara una sincera mano de ayuda, que para evitar suspicacias es bueno presentarse previamente con los jefes de las oficinas, identificarnos y hacerle saber las buenas intenciones que originan nuestra actitud.

Está comprobado que aunque resulte increíble en un país con tantas carencias como el nuestro y en esta época tan difícil, miles de toneladas de alimentos se van a la basura tanto de restaurantes como de casas particulares. En manos de quien dilapida esos bienes de consumo está actuar con generosidad y compartir con los que menos tienen . Así como se sacan las bolsas de basura, nada cuesta poner en bolsa aparte la comida aún en buenas condiciones y dársela a tanta gente que la necesita y que se cruza por nuestro camino y a veces la vemos sin mirarla. En todos está hacer nuestra ciudad más amable. Si un vaso de agua damos de buena voluntad, nos será recompensado en su momento.


Guadalupe Martínez Galindo

TEHUACÁN, PARA AMARLO HAY QUE CONOCERLO

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