Justamente el día que recordábamos 32 años del terremoto de enormes consecuencias en nuestra patria, aquel 19 de septiembre de 1985, sobre todo en la Ciudad de México, experimentamos éste otro, con epicentro cercano a Chiautla, Puebla.

Este reciente ha sido más breve que el de hace poco más de diez días, el 7 de septiembre, pero de mayores cosecuencias en nuestra Diócesis y en la Región, tanto en daños humanos como materiales.

Más que hacer un recuento de estos daños, que se van detallando en las notas de los medios de comunicación, quiero hacer una reflexión al respecto.

Necesitamos estar más atentos y de alguna manera prevenidos, conscientes de encontrarnos en una zona sísmica, para actuar en los momentos que inicia el temblor, por ejemplo con una pequeña maleta que contenga lo urgente, como una lámpara, pequeño botiquín de primeros auxilios, algo de alimento y, quien tenga, teléfono con batería al menos a la mitad de carga. Tener identificados los llamados “triángulos de la vida” y acudir al más cercano o seguro en la medida de las porsibilidades.

Luego, la urgencia por empezar la recuperación de los sobrevivientes, con las debidas precauciones ante riesgos de más colapsos de edificios.

Tratar de no perder la calma, ayudar y dejarnos ayudar. Ciertamente evitar aprovecharnos de la triste situación para abusos.

Es importante la solidaridad diligente y organizada. Aquí entran organismos especializados a nivel municipal, estatal y federal. En cuanto a orgnzación parroquial, corresponde al sacerdote la coordinación, delegando articuladamente funciones y tareas para atender las emergencias y avisar lo más pronto posible tanto al municipio como al obispado, con brevedad y presición acerca de los daños humanos y materiales, de ser posible con fotos que expliquen esos daños, los cuales sean más explicados con una redacción que esté al alcance de la persona.

A pesar de tener tantos avances en la ciencia y la tecnología, somos frágiles ante estos embates de la naturaleza. A fin de cuentas, somos criaturas, pero creados por Dios amorosamente a su imagen y semejanza. Además de la solidaridad humana, cultivemos la fe y la esperanza en Dios, que no nos abandona y que nos llena de su paz para seguir afrontando los hechos y sus consecuencias a mediano y largo plazo.

El domingo pasado se ha hecho una colecta en dinero y que se ha enviado a la Diócesis de Tehuantepec, poco más de $83,000. El resto del dinero que siga llegando, se aplicará a urgencias de nuestra Diócesis de Tehuacán.


Rodrigo Aguilar Martínez

OBISPO DE LA DIÓCESIS DE TEHUACÁN

Los comentarios y puntos de vista expresados en esta página son cortesía y responsabilidad de quien los escribe, además de que no representan necesariamente el punto de vista de Sociedad Editora Arróniz