Recientemente Septiembre del 2017 se ha convertido para México, en uno de los episodios aterradores e inolvidables que conforman su estructura histórica, marcada por fenómenos naturales catastróficos como son, dos terremotos experimentados en la nación azteca, el primero del 7 de Septiembre con magnitud de 8.2 y un segundo más destructivo vivido días siguientes como el del 19 con escala de 7.2, ambos en escala de Richter, así como inundaciones extremas en el sur del país, generando con ello, una ruptura en diversos sectores como social, político, económico y cultural, aunque esto no se limita a esta fractura, sino que va más allá, mediante la proliferación de daños secundarios no objetivos, como lo son todos los efectos psicológicos traumáticos en los individuos, fecundados a causa de la experimentación negativa de tal vivencia. A Tal efecto se le denomina “Síndrome de Estrés Postraumático”, el cual, según la UNAM aquejará al 20% de la población que fue expuesta a tales fenómenos traumáticos y en caso de no ser atendidos con ayuda psicoterapéutica, el padecimiento emocional puede durar hasta 20 años.

El “Estrés Postraumático” es una afección o trastorno psicológico crónico, que sigue posteriormente de la exposición o vivencia de un hecho traumático como un terremoto, huracán, crimen, violación, tortura, un secuestro, accidente o guerra. Esto es, que el individuo vive temeroso y estresado ante la posibilidad de que la mala experiencia vuelva a repetirse en cualquier momento. Es de amplia consideración mencionar que es normal experimentar miedo posterior a un desastre natural o hecho traumático, debido a que se considera que si tal sensación o emoción desagradable perdura por más de dos semanas corre el riesgo de convertirse patológica, a causa de que todas las defensas internas del individuo han sucumbido a la vulnerabilidad y ausencia de asimilación del hecho, reflejadas en miedo y estrés constante que le llevan a perder el deseo por trabajar, relacionarse socialmente, amar y concentrarse cayendo en depresión por medio del refugio en el alcohol y las drogas, con motivo de mitigar el dolor interno y la ansiedad.

Entre los síntomas más comunes del “Estrés Postraumático”, observamos: convulsiones, amnesia, dificultades respiratorias, crisis de ansiedad o pánico, problemas gastrointestinales, así como imposibilidad de lograr el sueño, sensaciones de alerta, pesadillas, depresión y psicosis. Y entre los específicos, observamos: A) pensamientos incontrolables de estar expuestos ante el peligro de vivir una nueva experiencia similar y aterradora; B) Ansiedad exagerada, manifestada en irritabilidad, ataques de ira, respuestas de sobre salto y miedo, rigidez muscular y dolor de cabeza; y C) Pensamientos de soledad incisiva, estrés agudo, problemas de memoria y conductas de evitación de todo ambiente. Para el tratamiento del “Estrés Postraumático” se recomienda intervenciones farmacológicas con sertralina, paroxetina o antipsicóticos, así como también la de mayor importancia siendo Psicoterapia. “En honor a aquellos que no están y nos acompañan”. Es Posible... ¿Hablamos?.


CÉSAR SINHUÉ GÓMEZ

COLUMNISTA INVITADO

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