La ciencia psicológica presenta una indudable fractura para crear una sólida unión entre subjetividad (Psicoanálisis) y objetividad (Psicología), entre ese saber y conocer, entre psiquismo y cuerpo, por consiguiente una limitación titánica para responder: ¿Qué es la realidad?, ¿Qué es el hombre? y ¿Qué somos?. Recuerdo la definición tajante, primitiva, histórica y egocéntrica de ciencia, que se dogmatiza como el grado total, máximo y absoluto de la certeza y validez. Es cierto que las ciencias evolucionan y son altamente susceptibles a la reestructuración y suma de elementos, pero en la aplicación de lo psíquico (Subjetivo), el otro polo como es el dogma de lo absoluto y lo total, se rompe, debido a que el “individuo” es totalmente mutable, abstracto y cambiante en sus diferentes etapas de desarrollo y evolución, lo que impide el imperativo de la estandarización y generalidad objetiva. Se han realizado interminables debates entre intelectuales y eruditos en los tópicos psicológicos, científicos y paradigmas que de ellos se desprenden, con el motivo de dar un producto concreto y de validez, que sea aplicable a cuestiones colectivas e individuales. Bien sabemos que la ciencia y demás paradigmas están regidos por estructuras y engranes de validez que deben cumplir para su ejercicio como ciencia, ¿Pero hasta qué punto la ciencia psicológica (objetiva) y paradigmas concomitantes a ella, como es el caso de la medicina, estadística y psiquiatría son capaces de acercarse a las exigencias planteadas por una subjetividad?.

Está sabido que la psicología científica objetiva, suma a su estructura epistémica conceptos e ideas del psicoanálisis, demostrando así, su terrible esterilidad creativa en el campo de la adquisición de conocimientos científicos, subjetivos y hermenéuticos en “individuo” del siglo XXI, además de evidenciar las carencias y precariedades intelectuales características en sus representantes. Los conceptos absorbidos por la psicología objetiva más conocidos son la estructura del aparato psicosexual, como lo son el “ello”, el “yo” y el “súper yo”, estas estructuras le han dado consistencia, cuerpo, elegancia, gentileza y subjetividad a la psicología de hoy.

Ya Feyerabend, invitaba a la gestación y fecundación de una nueva ciencia reaccionaria de los procesos del “individuo” con su anarquismo metodológico, afirmando y sosteniendo, que el éxito de un método científico se logra a través de la inobservancia de las reglas vigentes de la ciencia y a la toma de los elementos de la irracionalidad en la investigación, negando con esto, cualquier criterio de demarcación y aceptando la importancia de las ideologías en el contenido de las ciencias. Este pensamiento nos lleva a la configuración y asociación íntima con la metodología cualitativa, filosofía y el psicoanálisis, caracterizados por la libertad en la elaboración de los diferentes modos de investigar, y donde por fin se toma en cuenta la subjetividad, la hermenéutica y los elementos ocultos de la realidad.

La alianza entre subjetividad y psicoanálisis, se inicia con la unificación de las ideas de Nietzsche y Freud a raíz de la similitud de sus contenidos teóricos, sin duda la imagen clásica de una nueva ciencia que causaría la más grande revolución intelectual. Aquí, la imagen clásica del psicoanálisis se encontrará solidificada por elementos de la filosofía irracional de Nietzsche y la teoría marxista. Después de Malestar en la cultura de Freud, el psicoanálisis toma mayor fuerza, e ilumina nuevas nociones que se expandirían en el intelecto y el exterior de los “Individuos”. Malestar en la cultura funge en la historia del psicoanálisis, como ese hilo conductor explosivo por naturaleza que hará temblar las más íntimas entrañas del círculo de Viena y de los representantes del método científico y las ciencias. De ahora en adelante, el círculo de Viena, el método científico y el narcisismo primario de Popper, ya no se enfrentarán al binomio diminuto primario psicoanálisis-subjetividad, sino que tendrán que hacer frente a un binomio maduro, sólido y con grandes herramientas para proclamar su legalidad como paradigma, respaldado principalmente en antropología, por Levi Strauss, en la lingüista por Jacobson, en psicoanálisis por Freud-Lacan, en filosofía con Nietzsche, Ricoeur, Habermas y Marcuse, y en la literatura con Breton y los surrealistas. Es Posible... ¿Hablamos?.


Psic. César SINUHÉ GÓMEZ SÁNCHEZ

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