En diversas ocasiones he escuchado la palabra “Duelo” en grupos o personas ajenas a la psicología, refiriendo automáticamente sus contenidos y significado a la pérdida por muerte de un ser querido. Por lo cual, es importante clarificar sus ramificaciones y diversos tipos, debido a que el duelo no sólo se refiere a la pérdida por muerte, sino que va más allá en diversos momentos de la vida en todo individuo, estableciéndose como una experiencia inherente del vivir. Para ello me agradaría recordar la definición de duelo establecida por Sigmund Freud en su libro Duelo y Melancolía (Trauer und Melancholie) “El duelo es, por regla general, la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etc.”, así entendemos que el sentimiento de pérdida dolorosa se expande a diversas situaciones y vivencias, por lo cual, en esta entrega nos concentraremos en el Duelo de Pareja por ruptura.

Es importante concentrarnos en el duelo por ruptura de pareja, debido a la proliferación colectiva de crisis patológicas en las parejas, que llevan a su ruptura o separación, revelando un alarmante incremento de 107.6% de divorcios en la última década, según INEGI. La cual tendrá que vivir idealmente un proceso psíquico de Duelo de Pareja.

Dentro de las etapas de duelo en la pareja, diversos autores han señalado 5, denominándolas: A) Negación (No me lo creo), B) Tristeza (el dolor de la pérdida), C) Ira y rabia (No es Justo), D) Desolación y Nostalgia (Echo de menos, momentos y circunstancias, no a la pareja) y E) Aceptación (Ya no duele). Aunque prefiero sintetizarlas en 3 como son: 1) Primera Etapa, Evitación: caracterizado por la negación de la pérdida del objeto amado, mediante el shock sorpresivo y traumático que implica el inicio de un duelo o pérdida; 2) Etapa de Confrontación: caracterizado por poseer las emociones más intensas y viscerales, debido a que el sujeto busca inútilmente recuperar aquello perdido, experimentando con ello, rabia, culpa, ansiedad, angustia e inseguridad, fracaso, miedo, fobias, baja autoestima, vacío existencial y depresión, sustentados por sentimientos de ambivalencia, esto es, sentimientos de odio y amor mezclados por la ex pareja. En esta etapa, dichos sentimientos mantienen un proceso, donde los malestares en inicio son dirigidos al objeto amado ausente como amor y odio, para posteriormente, direccionarse en contra del doliente (sí mismo) con sensaciones de minusvalía, baja autoestima y abandono de sus motivaciones; 3) Etapa de Reestablecimiento: caracterizado por el logro del individuo de desligar emociones intensas al objeto amado y ausente, colocándolas en nuevos objetos, circunstancias, aficiones, motivaciones, individuos y la recuperación del disfrute sobre actividades que realizaban.

El duelo de pareja, como toda pérdida conlleva un cambio drástico en el estilo de vida de quien lo experimenta, generando inevitablemente, efectos secundarios y consecuencias que vale la pena mencionar, como son: Fisiológicas; pérdida o aumento de peso, debilidad y cansancio, llanto persistente, alteraciones del sueño como insomnio o largas horas de sueño; Sociales: Abandono de actividades que se realizaban en conjunto, pérdida de amigos en común, apatía y ausencia en la motivación por relacionarse socialmente, así como una vergüenza o pena de exponer su condición a su círculo cercano; Económicas: Frustración y angustia, al hacer frente a gastos monetarios de forma individual (vivienda, alimentación y servicios).

Cabe mencionar que el trabajo y proceso del duelo en la pareja, comprende desde el momento en que se produce la pérdida hasta cuando ésta es aceptada. Desde el psicoanálisis, se afirma la idea de que, para atravesar con sanidad un duelo, es necesario experimentar sentimientos de falta, ausencia del objeto amado y el dolor que conlleva, con motivo de retirar en un proceso pausado (libido) todas aquellas motivaciones, deseos e ilusiones del antiguo objeto, con miras a depositarlas en otros nuevos. Cuando el duelo se ha vuelto patológico o enfermo, basado en la autoagresión, depresión, estancamiento y abandono de sí, se sugiere al individuo solicitar apoyo psicoterapéutico con motivo de verbalizar, revivir, sentir, clarificar y redescubrir nuevos sentidos de querer y ser querido. Es Posible... ¿Hablamos?.

Psic. CÉSAR SINUHÉ GÓMEZ SÁNCHEZ

Columnista invitado

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