¿Qué significa mi traslado a San Cristóbal de Las Casas? Ciertamente no es premio ni castigo; sencillamente el Obispo de San Cristóbal ha cumplido la edad y había que buscar quién lo sucediera. Todo el proceso que tuvo lugar, condujo a que yo fuera designado por el Papa Francisco para continuar el trabajo pastoral en esa Diócesis. En esto veo la voz de Dios que me encomienda en San Cristóbal de Las Casas.

Eso significa, obviamente dejar Tehuacán y que Dios llame a otro Obispo para este hermoso lugar.

La voluntad de Dios en nuestra vida siempre es lo mejor. De modo que lo máximo en nuestra vida será, no sólo buscar qué sea lo más benéfico para nosotros, sino que ello esté en sintonía con lo que Dios nos designe; más aún, buscar lo que Dios quiera, aunque no nos agrade; desde luego que si es que Dios quiere, también nos agrada, la motivación será mucho mayor.

Me duele ciertamente emigrar de Tehuacán, pero también voy con positiva disposición a San Cristóbal.

Reconozco algunas deficiencias y cualidades personales. Espero que las primeras disminuyan y las segundas se consoliden, esto cada día, especialmente al disponerme a iniciar esta nueva etapa en mi ministerio episcopal.

Sigamos creciendo en nuestra fe, cada uno en el lugar donde se encuentre y en la misión que Dios le encomiende, buscando siempre el bien común, que empieza por la familia y los más cercanos, pero se va extendiendo con mucho mayor amplitud. En los planes de Dios, nuestra fe y buenas obras tienen beneficio universal, pues estamos unidos a la Iglesia que es católica, o sea universal.

Esto, nos hace reconocernos agradecidos con tantas oraciones y tan buenas obras de personas tal vez muy lejanas físicamente a nosotros, pero que nos benefician también.

De igual manera digo a quienes viven de/y alimentan la violencia, la corrupción e impunidad, que recapaciten, es un camino que los dejará vacíos y con remordimientos.

Anímense a cambiar, confíen en la misericordia de Dios, que perdona pero también espera conversión.

A quienes han sufrido injustamente la violencia, corrupción e impunidad, no desesperen, no alimenten el deseo de venganza; a pesar de todo, perdonen, hagan paz en su corazón y construyan la paz en su derredor.

Entonces encontrarán la alegría de actuar con la verdad y con el bien, que nadie nunca les podrá quitar.

Y empiecen a hacer oración por el Obispo que Dios tenga en su corazón y que les enviará en un futuro cercano. Sin saber yo, quién pudiera ser y cuándo llegará, Dios si lo sabe y conoce de nuestras necesidades y anhelos, estamos dentro de su gran amor misericordioso.

No desmayen en su propósito de vivir y ayudar a vivir el Evangelio de Cristo, que da sentido a toda realidad humana, por extrema que esta sea.

Cristo es nuestra Paz.


Rodrigo AGUILAR Martínez

OBISPO DE LA DIÓCESIS DE TEHUACÁN

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