Estamos a tres días de estrenar un nuevo año, a la mayoría nos llena de expectativas, pensar lo que habrá de depararnos en lo personal, en lo familiar y en acontecimientos que influyan para bien o para mal en la sociedad entera.

Mucho podemos hacer para mejorar nuestro destino personal, aunque para eso, este mismo momento es bueno, pero por costumbre, los buenos propósitos para mejorarse a hacer en estas fechas, en medio de un brindis, una oración de agradecimiento por el año vivido, o en el marco de la precipitada deglución de las doce tradicionales uvas con que se despide y da la bienvenida al nuevo año. Nadie mejor que nosotros mismos para analizar todos los aspectos en los que podemos cambiar para bien. Si nos decidimos cada día a hacer una mejor versión de nosotros mismos, será asombroso y definitivo nuestro cambio y en estos tiempos en que todo se traduce a pesos y centavos, mejorarnos es gratuito, AMAR A DIOS como cada quien lo entienda y AL PRÓJIMO COMO A NOSOTROS MISMOS, será más que suficiente para vivir mejor.

En cuanto a nuestro destino colectivo, hoy más que nunca es incierto, lo único que puede salvaguardarnos de sufrir los embates de los tiempos tormentosos que comienzan a verse en el horizonte, es precisamente intentar ser mejores en lo personal, más puntuales, más honestos, más organizados, más realistas viviendo de acuerdo con nuestro nivel de vida, no contraer deudas por compras suntuarias de cosas que no necesitamos. Proteger la economía nacional cambiando de hábitos y consumiendo lo que nuestro país produce, que es de una diversidad infinita y realizando nuestras actividades productivas cada vez mejor. Sólo con eso, podremos influir en el destino de nuestra ciudad, nación y mundo.

De ser posible hay que desarrollarnos como emprendedores eficientes, aunque a veces se piense que eso sólo puede hacerlo quien tiene capital, pero no es así, hay un sinnúmero de servicios que pueden redituar ganancias que exigen solamente más espíritu de servicio personal, que grandes recursos. Como ejemplo, me admira ver un limpiador de calzado ubicado en el Complejo Cultural El Carmen, que aunque tiene muchos otros a su alrededor, siempre tiene una fila de zapatos y personas que lo esperan para utilizar su servicio y que hasta de coches le bajan pares de zapatos para asear. Aunque cobra lo mismo que el resto, lo hace muy bien y siempre trata amablemente a sus clientes. La sonrisa es un atributo de los triunfadores.

Vamos a sonreír como un buen propósito para 2018 y comprobemos, con ese sólo hecho, cómo mejora nuestra vida.



Guadalupe Martínez Galindo

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