Padecemos una invasión de RUMOROLOGÍA. Esa práctica que antes estaba limitada a personas sin quehacer, que ocupaban su tiempo en difundir hechos no comprobados, que tenían por objeto manchar honras o infundir miedo, hoy es comunicación usual entre gente de toda condición social y económica, parece una competencia de ver quién es capaz de difundir más hechos inciertos, más rápidamente.

Esta situación, ha llevado a un estado de ansiedad a muchos, sobre todo los de ánimo aprensivo y estar pensando que se harán realidad los más negros presagios, les quita toda la atención que necesitan para hacer planes productivos o poner todo su tiempo e interés en el trabajo que desempeñen.

Se ha agudizado y ampliado su negativa influencia, a los grandes círculos en que se puede influir a través de las redes sociales, donde un gran porcentaje de lo que se da a conocer son rumores y opiniones basadas en esas informaciones no verídicas. NO CREER TODO LO QUE SE OYE es algo que debemos intentar hacer y como un flamazo destructivo, sofocar cualquier informe que lleve a robarnos la tranquilidad que es algo de lo poco bueno que es nuestra personal decisión retener.

Proyectar y amplificar los errores de otros, parece ser una ocupación habitual. Si queremos mejorar nuestra calidad de vida y nivel de convivencia en los diferentes ambientes que nos desarrollamos, familiar, laboral, amistoso y de ciudad, es importante curarnos de ese destructivo mal y comenzar a ver el lado bueno de quien nos rodea. Todos respondemos muy bien al estímulo del reconocimiento y partiendo de la base que no hay nadie tan malo que no tenga algo de bueno, darnos a la tarea de buscar esas cualidades en los demás y hacerles saber que no las hemos pasado por alto.

Los resultados serán sorprendentes, en vez de rodearnos de un ambiente ríspido que nos desgaste y haga cada vez más difícil la convivencia, vamos a experimentar un cambio positivo, porque la armonía volverá a compartirnos sus mieles.

Vivimos tiempos difíciles, antes se hablaba de la “cuesta de enero” porque los gastos extraordinarios de fin de año, hacían difícil este primer mes. Desafortunadamente las circunstancias actuales nos están mostrando que esa “cuesta” se prolongará todo el año y ya nos dará mucho en qué pensar, para que además la hagamos más pesada con rumores infundados de todo tipo que nos causen mayor temor.

El lujo que todos podemos darnos es la cortesía y el buen trato enmarcados en una sincera sonrisa. Comencemos de inmediato a cambiar nosotros.


Guadalupe Martínez Galindo

“TEHUACÁN, PARA AMARLO HAY QUE CONOCERLO”

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